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Entrevista a Juan Lamiña, de Nayón (Ecuador) Ecuador, colgado de las faldas del fin septentrional de la magnífica cordillera andina es un país de verde lujuriante y flora deslumbrante. Desde el avión, al iniciar el descenso hacia el aeropuerto internacional Mariscal Sucre de Quito las agujas de los picos andinos vigilan como titánicos cancerberos, mostrando impertérritas el portal de la selva que se esparrama a medida que los valles se abren.
En
Ecuador una de las principales actividades comerciales son las
flores, es el equivalente sudamericano de Holanda. Su clima suave y
prácticamente constante a lo largo de todo el año ha dado lugar a
ingentes cantidades de
Tanto es así, que en uno de los costados de Quito uno puede encontrarse con el "pueblo de las flores", Nayón, un encantador villorio en el que en cada esquina se levanta un vivero. Y, allí, en una humilde vivienda en el cruce de un par de calles sin asfalto se encuentra “La casa del Bonsai”, donde Juan Lamiña, su mujer y sus cuatro hijos intentan sacar adelante un modesto negocio dedicado al maravilloso arte de los árboles cultivados en maceta.
La Casa del Bonsai.
Juan es un hombre modesto y callado que enseña sus árboles con la misma pasión con la que un enamorado habla de su amada.
Juan con un junípero que lleva trabajando más de 15 años.
¿Cuándo y cómo empezaste a trabajar con bonsáis?
Cuando tenía 12 años había días en los que en lugar de asistir a la escuela me escapaba para ir a ver los árboles de los viveros. Mi hermana
tiene un
¿Qué libro era? Bueno,- y su mujer se levanta corriendo par acercarme un pequeño libro forrado en plástico, me lo tiende con la ternura de un bibliotecario encargado de conservar los incunables de la biblioteca nacional-, éste de Jochen Pfistener. Las fotografías me impresionaron mucho, sobre todo las de los bosques y las de los árboles con tronco grueso.
Así que empecé a
intentarlo con casi cualquier plantón que caía en mis
Ilex doble tronco recuperado de la montaña con el que lleva trabajando un para de años.
Entonces, ¿nunca has llegado a recibir clases de algún maestro? Tal cual no, verás, mi hermana, la del vivero, tiene un terreno en Santo Domingo, a unas tres horas en coche. Allí hay muchos terrenos así, es donde se cultivan inicialmente muchas de las flores y plantas que se venden aquí en Nayón. En una ocasión una señora colombiana, de la que no recuerdo el nombre, dio una charla de un par de horas donde explicó algunas nociones básicas.
Guayacán cultivado durante 8 años. Y, ¿eso es todo? Prácticamente. En Guayaquil - una ciudad costera del sur del país - hay un señor que también se dedica a los bonsáis, se llama Carlos Larrea, antes tenía una tienda en Quito pero nunca me dejó trabajar con él. A parte de eso, aquí en la capital sólo hay una persona con la que haya tratado, se llama Sonia Salvador, y en ocasiones he trabajado con ella, pero a día de hoy ella me compra a mí tanto o más de lo que yo le pueda comprar a ella. Lo cierto es que no hay muchos que se dediquen al mundo del bonsai aquí.
- No le falta razón, aunque en las floristerías de la capital no es raro ver plantones en pequeñas macetas de cerámica local, lo cierto es que se limitan a simples amagos de pre-bonsai que no siguen ningún criterio estético. En ocasiones no son más que simples bungavillas o juníperos desmochados con las ramas desordenadas.-
Calistemo, un bellísimo árbol que crece en los alcorquesde las calles de Nayón.
Fue ella, Sonia Salvador la que llegado el momento me aconsejó que empezase a vender mis árboles. De ese modo, a los 19 años, dejé mi trabajo en los viveros para dedicarme completamente a los bonsáis. Ahora tengo 37, de modo que ya llevo 18 años en que gracias a la ayuda de mi mujer y mis hijos, podemos vivir dedicándonos a lo que nos gusta.
En aquellos primeros intentos, ¿qué especies usabas? Principalmente ficus, en las distintas variedades que se cultivan aquí. Me encantan los ficus, especialmente los benjamina, les tengo mucho cariño desde entonces.
Uno de sus primeros árboles, un Ficus modelado a lo largo de 15 años.
He visto que muchos de tus árboles tiene gruesos troncos, que han sido desmochados, ¿son árboles recolectados? Sí, como te dije, me encantan los troncos gruesos y siempre que puedo me voy a las montañas a buscar árboles que pueda usar. Suelo ir a las faldas del volcán Papallacta, no sólo a por árboles, sino también a por rocas volcánicas para usarlas en los jardines de mis clientes. –Juan también se dedica a diseñar y mantener los jardines japoneses en las familias adineradas de la capital.- Antes también iba al Cotopaxi, pero ahora las leyes de protección de medioambiente son muy rigurosas y no se puede coger ni una piedra, y a mí gusta respetarlas, me parece bien que se cuide la naturaleza.
¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo? Pues unos seis años, lo había leído en algunas revistas y libros, de los pocos que voy consiguiendo, y me pareció que merecía la pena intentarlo a fin de conseguir árboles de troncos gruesos. Poco a poco me he ido dando cuenta de que en realidad no es tan fácil porque a no ser que el árbol se haya quedado pequeño de por sí, el desmocharlo no es una buena solución para conseguir un bonsai aparente.
Bosque de acacias carboneras cultivado durante 6 años a partir de esquejes.
¿De entre los libros, revistas e información que has podido recopilar cuáles son tus maestros favoritos? Bueno, me gustan mucho los libros de Dan Barton y Giovanni Gennoti, especialmente los bosques del italiano. Por otro lado, gracias a internet he podido descubrir a dos maestros de ideas opuestas pero que me impresionan por igual, Naka y Kimura. Sobre todo Kimura, se atreve a hacer cosas con los árboles que resultan increíbles.
Sin embargo, no he visto en tus árboles demasiados trabajos de ese estilo, ¿por qué? Lo que pasa es que aquí los clientes no son gente que quiera ver ese tipo de cosas. Lo cierto es que si yo modelo árboles con jin y shari, por ejemplo, la gente al ver el resultado pensará que es un árbol que no está sano. Aquí la gente lo que quiere ver son árboles sobre todo con grandes copas frondosas, por eso los guayacanes y jaboticabas en estilo escoba son los más apreciados por los clientes. Quizá a no ser por los modelados de las masas verdes en “pisos”, la gran mayoría de los clientes no aprecia los árboles que se estructuran realmente según las reglas estéticas que puedo ver en los libros y revistas. Eso limita mis “experimentos” a los árboles de mi propia colección privada.
Algunos árboles de sus clientes en la guardería, todos ellos cultivados por Juan.
Entendiendo las limitaciones que te impone el mercado local, podrías decirme, ¿tienes alguna predilección por algún estilo en concreto? Sí, los bosques, especialmente los de juníperos son los que más me gustan. Me encantaría intentarlo con pinos, pero el único pino que se da aquí en el Ecuador no parece muy adecuado para modelar. Siempre que intento hacer algo con alguno de ellos surgen inconvenientes. Espero que en tu próximo viaje puedas traerme algunos plantones de pinos de Europa o Japón que me puedan servir para intentarlo.
Bosque de juníperos que comenzó cuando nació su pequeña hija, hace 9 años. Hablando de eso, ¿es así como consigues tus herramientas, revistas, etc? Pues sí, o bien clientes, o amigos o algún pariente que vive en España. Lo que tengo me lo trae la gente, a veces de Estados Unidos, a veces de Europa, el problema es que con los árboles o plantones, como es lógico, la aduana siempre supone un problema. Con el resto, bueno, pues me voy arreglando, el alambre, por ejemplo, consigo alambre de cobre del que se usa en los bobinados de los alternadores de los coches. Y, ¿con los productos fitosanitarios?
¿Cómo ves tu futuro, a qué aspiras? Por ahora el negocio va mejorando, incluso he podido exponer en el Jardín Botánico de Quito, pero lo que más me gustaría sería viajar a Europa y pasar una temporada con algún maestro a fin de mejorar y aprender. Preferentemente a España, por el idioma. Sin embargo, mientras el público no se vea más influenciado por los conocimientos y la estética que rigen este arte, según los entienden ustedes en Europa y Japón, siempre seguiré atado si es que quiero dar de comer a mi familia.
Tras la charla paseamos con calma por entre sus estanterías mientras él comenta con infinito cariño cómo ha ido trabajando cada uno de sus árboles. Intercambiamos información sobre el cultivo y sobre las distintas especias, la mayoría desconocidas para nosotros, los aficionados europeos.
Michelle, la hija pequeña de Juan, junto a un hermoso ejemplar de cholán cultivado durante 10 años.
Paco Fernández Vázquez
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