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Hemos recibido nuevos bonsai de Japón y autóctonos |
Cómo comenzar un bonsai Con mucha frecuencia, al emprender un viaje turístico a algún país exótico, uno se lleva encargos de los amigos y familiares, que si tráeme tal cosa o tal recuerdo.
Cuando empezamos a interesarnos un poco por el mundo del bonsai, todos lo queremos rápido. Nuestra cultura europea no nos permite tener paciencia, no tenemos tiempo para el estudio, ni paciencia para el análisis.
En los viveros es donde mejor se descubre a los principiantes en este arte, van intentando ver en cada arbolito del vivero su futuro bonsai, su diseño soñado.
A otros se les ve con su bonsai recién regalado, preguntando sin parar, cómo se riega, cuándo se trasplanta, cuándo se poda etc.
Y a los más avanzados, aún una minoría, los vemos por viveros o por el campo, buscando que es lo que pueden recuperar, pero analizando detenidamente sus pros y sus contras.
Lo que si es cierto es que para todos, incluso para los nerviosos, también hay bonsai.
A los primeros y más impacientes, aun sabiendo que hay UNAS LEYES, UNAS TÉCNICAS Y UNOS ESTILOS, por su propia impaciencia, no quieren saber nada de ellas. Éstos compran o recuperan del campo arbolitos muy poblados, esquejes o hacen acodos y trabajan sobre ellos, dándoles la forma que a su juicio les gusta más, normalmente triangulaciones, sin cotas ni medidas, con alturas desproporcionadas, ramas en paralelo y mucho follaje.
Los segundos, como ya hemos dicho, se limitan a preguntar por la frecuencia de riego y el recorte de ramas cuando son demasiado largas o se salen de la triangulación. Se pasan el día regando y cortando los arbolitos que les han regalado y, poco después, éstos se mueren, casi siempre por exceso de agua y de “mimo”.
Los últimos, que ya tienen alguna experiencia, me refiero a los aficionados, han oído hablar de bonsai, han asistido a algún cursillo o se han preocupado de leer sobre el tema. Ya saben qué encontrar en los viveros o en el campo, ya tienen alguna experiencia y son menos “nerviosos”. Escogen árboles muy poblados y van trabajando sobre ellos con el paso del tiempo y según el árbol crece, van modificando a su gusto, cambian impresiones con otros aficionados, van dejando las ramas que a priori parecen inútiles, según su diseño predeterminado, cortan las ramas sobrantes, ven entre la amalgama de ramas y hojas, la belleza de su tronco. Las posibilidades de las ramas principales, su frente, su altura aproximada y la situación de las raíces, su sentido y su forma.
Poco tiempo después, con algo de diseño ya, lo trasplanta a una vasija y .......... ya tiene un futuro bonsai.
Pero antes de llegar a esto y, sobre todo antes de cortar nada, estamos obligados a visitar numerosas exposiciones, mediremos los bonsais de los grandes maestros en las fotografías, libros, esquemas o si es posible, al natural. Estudiaremos sus leyes, sus escuelas y diseños, observaremos los árboles en la naturaleza y, aún así, JAMÁS RECUPERAREMOS UN ÁRBOL DEL CAMPO, sin la experiencia y con el permiso correspondiente, plantando otro en su lugar.
Sin la experiencia y la paciencia suficiente, la prisa y la inexperiencia traerán seguramente la muerte del árbol que intentamos recuperar.
Sentado en quietud, no haciendo nada, llega la primavera, y la hierba crece por si misma. dicho ZEN
Artículo enviado por J. Carlos de la Concha.
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